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Viene el Hijo del hombre

Nuestro párroco, pbro. Juan Francisco Pinilla, nos ofrece su homilía para este Primer Domingo de Adviento.

El evangelio nos invita a estar vigilantes y preparados. Jesús remite al relato de diluvio, cuando Noé entró en el arca… por un parte esto indica un gran cataclismo, muerte y perdición, y  por otra parte, señala también «la suerte» de que estaba Noé con su arca.  Cuando venga el Hijo del hombre, otro título bíblico para el Mesías, sucederá como en aquella ocasión, es decir, en medio del cataclismo estará Noé. Pase lo que pase hay un arca.

Si nos fijamos bien, vemos que Aquél que viene es llamado «vuestro Señor», por lo tanto, no es un desconocido o una amenaza; es nuestro Noé, nuestro Señor.

Esto es fundamental para vivir el Adviento como lo que es: un tiempo de preparación a la venida del Señor.

La  venida del Señor redime el tiempo. Reúne el pasado, el futuro y nuestro presente, el cual se desarrolla entre la memoria y la esperanza. En la fe, miramos siempre con ojos de actualidad hacia el pasado y armamos el pesebre para conmemorar el nacimiento de nuestro Salvador. Y miramos hacia el futuro hacia el horizonte de su segunda venida, y la consumación de la historia, como lo prometió. Y con ambas miradas estamos atentos y esperamos su venida a nuestro presente personal y social, su venida al corazón de cada uno de nosotros.

Adviento es un tiempo especial de conversión marcado por el recuerdo y la esperanza de la presencia fiel del amor de Dios. La esperanza de que el Señor está viniendo, esa es nuestra alegría y fortaleza. Esperanza que nos anima en medio de las luchas y fatigas del presente. Siempre esperamos, porque cada día Noé nos cobija en el arca de su amor salvador.

Evangelio (Mateo   24, 37-44)

Jesús dijo a sus discípulos:

Cuando venga el Hijo del hombre, sucederá como en tiempos de Noé. En los días que precedieron al diluvio, la gente comía, bebía y se casaba, hasta que Noé entró en el arca; y no sospechaban nada, hasta que llegó el diluvio y los arrastró a todos. Lo mismo sucederá cuando venga el Hijo del hombre. De dos hombres que estén en el campo, uno será llevado y el otro dejado. De dos mujeres que estén moliendo, una será llevada y la otra dejada.

Estén prevenidos, porque ustedes no saben qué día vendrá su Señor. Entiéndanlo bien: si el dueño de casa supiera a qué hora de la noche va a llegar el ladrón, velaría y no dejaría perforar las paredes de su casa. Ustedes también estén preparados, porque el Hijo del hombre vendrá a la hora menos pensada.