En su fiesta anual este 19 de abril

Miles de peregrinos y feligreses, procedentes de diversos lugares del país, llegaron este Domingo 19 de abril, III Domingo de Pascua, con motivo de la fiesta anual de san Expedito, mártir de Cristo.
En la oportunidad, celebramos eucaristías a las 10, 11 y 19 horas, y liturgias a las 12 y 16 horas.
En su homilía, nuestro párroco, pbro. Juan Francisco Pinilla, destacó que nuestra alegría pascual se basa en que el Señor se ha quedado con nosotros. "Y esto es la eucaristía, la celebración de la presencia del Señor resucitado, glorioso y vencedor de la muerte, entre nosotros, con nosotros y dentro de nosotros". Añadió que la presencia vencedora del mal es la que experimentamos también en nuestros santos, particularmente para nuestro santuario, en la intercesión poderosa de san Expedito mártir. "En este mártir, que afrontó la muerte con su fe en el Señor resucitado, se nos regala la luz y el consuelo de Cristo. A él acudimos implorando ante todo el don de la urgente conversión. Convertidos continuamente al Evangelio, "hoy y no mañana", queremos servir a la paz y a la justicia con un corazón valiente y compasivo".
Este Domingo 19 de abril también encomendamos durante el día las intenciones de salud, trabajo y memoria de difuntos, acogimos las peticiones de oración y bendición de los peregrinos y tuvimos un momento de oración cantada y alabanza animado por la renovación carismática.
San Expedito, mártir de Cristo
La tradición sostiene que san Expedito era un joven soldado romano que fue martirizado el 19 de abril del año 303 por haberse convertido a la fe cristiana y negarse a adorar a dioses paganos. Expedito conocía la historia de Jesús y, según la tradición, se conmovía con sus enseñanzas. Aunque había escuchado muchas veces la Buena Noticia de Cristo y la fecundidad de las primeras comunidades cristianas (Hechos 2, 42), Expedito siempre ponía su deber militar como excusa y postergaba su conversión al cristianismo.
Expedito pertenecía a una fuerza de infantería que utilizaba armamentos livianos para facilitar el ataque en las batallas. Según la tradición, dirigía la Legión Fulminante que estaba en guerra contra los pueblos bárbaros en la región de Germania, actual territorio de Armenia y Turquía. Cuando los soldados habían sido cercados por sus enemigos, ya sin fuerzas y entregados a la muerte, los romanos quedaron admirados al ver a los soldados cristianos que se ponían de rodillas y oraban a Dios con sus brazos elevados al cielo. Toda la división romana se puso de rodillas adhiriendo a la plegaria cristiana que clamaba al Señor una solución inmediata. Los bárbaros, perplejos al ver a más de 6.800 soldados romanos arrodillados orando, se quedaron inmóviles. Su confusión aumentó cuando se desató una repentina y fuerte tormenta, con el cielo oscuro, truenos, viento y fuerte lluvia. Los soldados de Expedito juntaron agua en sus cascos y calmaron su sed para recobrar sus fuerzas. Al poco rato, la situación se había revertido y la Fulminata salió victoriosa en la batalla.
Se cree que este milagro fue el hecho determinante para que Expedito finalmente abandonara sus pretextos y tomara la opción radical de hacerse cristiano. Varios otros soldados romanos se sumaron entonces a la fe en el único Dios, creador y salvador, que nos mostró Jesucristo como Padre que ama a todos los seres humanos como sus hijos. Según la tradición, cuando Expedito finalmente tomó la decisión de seguir al Señor Jesús, un cuervo le gritó “cras, cras, cras”, que en latín significa “mañana”. Pero el valiente joven respondió: “hodie, hodie, hodie”, es decir “hoy”, y su decisión venció al tentador. Por eso muchas imágenes de san Expedito lo muestran aplastando al cuervo con su pie.
Al convertirse al cristianismo, Expedito sabía que su seguimiento al Señor podía costarle la vida y aceptó cargar su propia cruz, consciente de que si era descubierto era una sentencia de muerte. Cuando los soldados cristianos se negaron rotundamente a postrarse ante los dioses romanos, el emperador Diocleciano se indignó y decidió que no era posible que en las tropas del Imperio no se siguiera la religión oficial. Galerio, yerno del emperador y gobernador de las provincias romanas en Asia Menor, dio la orden de ejecutar a Expedito por ser el líder de la legión Fulminata.
Expedito fue martirizado en la ciudad de Melitene, en Capadocia, el 19 de abril del año 303 junto a otros cinco militares cristianos que se negaron a adherir a la religión politeísta oficial del Imperio. Estos cinco mártires fueron Hermógenes, Caio, Aristónico, Rufo y Gálatos. Junto a Expedito, haberse convertido al cristianismo les costó las penas de la flagelación y la decapitación. Luego de su muerte, no hay datos exactos sobre la localización de sus tumbas. Por tradición se cree que el cuerpo de Expedito fue sepultado por los cristianos y que, por seguridad, nunca revelaron su localización exacta.
La última persecución bajo Diocleciano fue la más cruenta para la Iglesia. La paz recién llegó bajo Constantino en el año 313. Por eso, la memoria de San Expedito reúne la de muchos mártires, confesores de Cristo. San Expedito respondió sin demora al llamado del Señor y nos anima a no postergar para mañana nuestra propia conversión.
¡San Expedito, mártir de Cristo, ruega por nosotros!
Imágenes gentileza John Marín














