¡Se ha quedado con nosotros!

18.04.26 17:55 - Por Parroquia de la Santa Cruz

Homilía 19 de abril, III Domingo de Pascua

En el tercer Domingo de Pascua, además fiesta anual de san Expedito, nuestro párroco, pbro. Juan Francisco Pinilla, nos comparte su homilía.


Entre el camino y la mesa hay una frase que hace de unión: Jesús entró para quedarse con ellos. Y es lo que precisamente celebramos cada Domingo, el día del Señor.
Los discípulos de Emaús ya no lo vieron más, porque en la fracción del pan, la presencia del Señor se ha hecho interior. De venir conversando junto a ellos por el camino, ha pasado a arder en sus corazones.
Esa es nuestra alegría pascual, el Señor se ha quedado con nosotros. Y esto es la eucaristía, la celebración de la presencia del Señor resucitado, glorioso y vencedor de la muerte, entre nosotros, con nosotros y dentro de nosotros. Esto es la Iglesia viva, germen del Reino de Dios en el mundo.
Esa presencia vencedora del mal es la experimentamos también en nuestros santos, particularmente para nuestro santuario, en la intercesión poderosa de san Expedito mártir.
En este mártir, que afrontó la muerte con su fe en el Señor resucitado, se nos regala la luz y el consuelo de Cristo. A él acudimos implorando ante todo el don de la urgente de la conversión. Convertidos continuamente al Evangelio, "hoy y no mañana", queremos servir a la paz y a la justicia con un corazón valiente y compasivo.

Evangelio (Lucas 24, 13-35)

El primer día de la semana, dos de los discípulos iban a un pequeño pueblo llamado Emaús, situado a unos diez kilómetros de Jerusalén. En el camino hablaban sobre lo que había ocurrido.

Mientras conversaban y discutían, el mismo Jesús se acercó y siguió caminando con ellos. Pero algo impedía que sus ojos lo reconocieran. Él les dijo: “¿Qué comentaban por el camino?” 

Ellos se detuvieron, con el semblante triste, y uno de ellos, llamado Cleofás, le respondió:

“¡Tú eres el único forastero en Jerusalén que ignora lo que pasó en estos días!”

“¿Qué cosa?”, les preguntó.

Ellos respondieron: “Lo referente a Jesús, el Nazareno, que fue un profeta poderoso en obras y en palabras delante de Dios y de todo el pueblo, y cómo nuestros sumos sacerdotes y nuestros jefes lo entregaron para ser condenado a muerte y lo crucificaron. Nosotros esperábamos que fuera Él quien librara a Israel. Pero a todo esto ya van tres días que sucedieron estas cosas. Es verdad que algunas mujeres que están con nosotros nos han desconcertado: ellas fueron de madrugada al sepulcro y al no hallar el cuerpo de Jesús, volvieron diciendo que se les habían aparecido unos ángeles, asegurándoles que Él está vivo.

Algunos de los nuestros fueron al sepulcro y encontraron todo como las mujeres habían dicho. Pero a Él no lo vieron”.

Jesús les dijo: “¡Hombres duros de entendimiento, cómo les cuesta creer todo lo que anunciaron los profetas! ¿No era necesario que el Mesías soportara esos sufrimientos para entrar en su gloria?” Y comenzando por Moisés y continuando con todos los profetas, les interpretó en todas las Escrituras lo que se refería a Él.

Cuando llegaron cerca del pueblo adonde iban, Jesús hizo ademán de seguir adelante. Pero ellos le insistieron: “Quédate con nosotros, porque ya es tarde y el día se acaba” .

Él entró y se quedó con ellos. Y estando a la mesa, tomó el pan y pronunció la bendición; luego lo partió y se lo dio. Entonces los ojos de los discípulos se abrieron y lo reconocieron, pero Él había desaparecido de su vista.

Y se decían: “¿No ardía acaso nuestro corazón, mientras nos hablaba en el camino y nos explicaba las Escrituras?”

En ese mismo momento, se pusieron en camino y regresaron a Jerusalén. Allí encontraron reunidos a los Once y a los demás que estaban con ellos, y estos les dijeron: “Es verdad, ¡el Señor ha resucitado y se apareció a Simón!” 

Ellos, por su parte, contaron lo que les había pasado en el camino y cómo lo habían reconocido al partir el pan. 


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