San Expedito, mártir de Cristo, ruega por nosotros

Lectura bíblica del quinto día de la Novena
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los cristianos de Filipos
Jesucristo, que era de condición divina, no consideró esta igualdad con Dios como algo que debía guardar celosamente: al contrario, se anonadó a sí mismo, tomando la condición de servidor y haciéndose semejante a los hombres. Y presentándose con aspecto humano, se humilló hasta aceptar por obediencia la muerte y muerte de cruz.
Por eso, Dios lo exaltó y le dio el Nombre que está sobre todo nombre, para que al nombre de Jesús, se doble toda rodilla en el cielo, en la tierra y en los abismos, y toda lengua proclame para gloria de Dios Padre: «Jesucristo es el Señor.»
Palabra del Señor. ¡Te alabamos, Señor!
Reflexión del quinto día
La vida y martirio de Expedito sólo puede comprenderse a la luz de la transformación que vivió desde que conoció a Jesús. Reconocer a Dios en el Crucificado es un precioso acto de fe que nos sitúa con humildad ante el misterio de la Redención. Nuestro Padre Dios, creador y salvador, puso su tienda en la humanidad, se hizo uno de nosotros en su Hijo, a quien reconocemos como Señor. Por el bautismo somos reconocidos reyes y reinas en Cristo, lo que significa que sólo ante el Señor nos ponemos de rodillas. No hay ser humano que merezca ser adorado, porque en Cristo nos reconocemos hermanos, iguales en dignidad. Cristo nos engrandece, nos dignifica y en la humildad nos sella su victoria sobre la muerte.