San Expedito, mártir de Cristo, ruega por nosotros

Lectura bíblica para el cuarto día de la Novena
Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Juan
Jesús dijo a sus discípulos:
“Como el Padre me amó, también yo los he amado a ustedes. Permanezcan en mi amor. Si cumplen mis mandamientos, permanecerán en mi amor, como yo cumplí los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor.
Les he dicho esto para que mi gozo sea el de ustedes, y ese gozo sea perfecto.
Este es mi mandamiento: Ámense los unos a los otros, como yo los he amado.
No hay amor más grande que dar la vida por los amigos. Ustedes son mis amigos si hacen lo que yo les mando. Ya no los llamo servidores, porque el servidor ignora lo que hace su señor; yo los llamo amigos, porque les he dado a conocer todo lo que oí de mi Padre.
No son ustedes los que me eligieron a mí, sino yo el que los elegí a ustedes, y los destiné para que vayan y den fruto, y ese fruto sea duradero. Así todo lo que pidan al Padre en mi Nombre, él se lo concederá.
Lo que yo les mando es que se amen los unos a los otros”.
Palabra del Señor. ¡Gloria y honor a Ti, Señor Jesús!
Reflexión del cuarto día
La fe cristiana, a diferencia de mitos y leyendas sobre magia, hechizos y superhéroes, tiene un mensaje vital que transforma nuestra vida en lo cotidiano. Dios no actúa como supervisor de la humanidad ni despliega varitas mágicas para intervenir lo natural a su antojo. Nuestro Dios no es un mercader que intercambia mandas por favores. No es hechicero ni curandero sino Padre de amor y misericordia. Su esencia es el amor, y con amor nos eligió a cada uno/a para dar frutos de amor. Por eso, como nos enseñó su Hijo Jesús, amigo nuestro, le pedimos que venga su Reino a nosotros, que se haga su voluntad y no la nuestra, que no nos falten las fuerzas para amar, que nos perdone y nos ayude a perdonar, que sepamos decir NO a todo lo que nos separa de Él.
