¡Somos hijos de nuestro Padre!

10.01.26 20:00 - Por Parroquia de la Santa Cruz

Homilía en la fiesta del Bautismo del Señor

Nuestro párroco, pbro. Juan Francisco Pinilla, nos comparte su homilía en este Domingo, festividad del Bautismo del Señor.


"Tú eres mi Hijo, el amado en quien me complazco", revelación que culmina la fiesta de epifanía. El evangelista ha unido, en una frase, tres textos del primer testamento: Tú eres mi hijo, del salmo que entroniza al Rey de Israel;  el hijo muy amado es Isaac, el hijo de la ancianidad de Abraham,  y  en quien se complace Dios, es en el siervo sufriente de Isaías. Tres figuras que ayudan a comprender el misterio de Jesús en el Jordán. Conocemos el dicho popular: "de tal palo, tal astilla", para indicar el parecido de un hijo con su padre, tanto en las virtudes como en los defectos.  También decimos: "este salió igualito a su padre (o a su madre)", porque reflejamos a nuestros padres en nuestros gestos, en nuestra voz, en nuestra manera de estar en la vida, en las opciones que tomamos... y algo de eso ocurre en el Jordán.

"Este es mi Hijo muy amado en quien me complazco", el Padre reconoce en Jesús a su Hijo precisamente en aquel signo de solidaridad y compromiso extremo con aquellos que quiere salvar. El Señor ha recibido el bautismo de Juan identificándose con los pecadores que buscaban la conversión. En esto tan radical, el Padre Dios ha dicho: "Este es mi hijo", es decir, en quien se revela la profundidad de su amor de Padre sin medida, por toda la humanidad. 

Esa es la fiesta del bautismo del Señor, el reconocimiento de la igualdad con el Padre Dios eterno invisible, que se manifiesta en la vida humana de Cristo, en la solidaridad con la humanidad sufriente. Esta es la fuente sagrada de la identidad que nos ha regalado a cada uno de nosotros el bautismo: ser en la tierra, hijos de Dios, hacerlo presente en nuestros actos y modo de vivir y amar.

Evangelio (Mateo 3,13-17)

Jesús fue desde Galilea hasta el Jordán y se presentó a Juan para ser bautizado por él. Juan se resistía, diciéndole: “Soy yo el que tiene necesidad de ser bautizado por ti, ¡y eres tú el que viene a mi encuentro!”

Pero Jesús le respondió: “Ahora déjame hacer esto, porque conviene que así cumplamos todo lo que es justo”. Y Juan se lo permitió.

Apenas fue bautizado, Jesús salió del agua. En ese momento se abrieron los cielos, y vio al Espíritu de Dios descender como una paloma y dirigirse hacia Él. Y se oyó una voz del cielo que decía: “Este es mi Hijo muy querido, en quien tengo puesta toda mi predilección”. 


Imagen: Masolino, Battesimo di Cristo

Parroquia de la Santa Cruz