Todo el mundo espera la respuesta de María

20.12.25 10:48 - Por Parroquia de la Santa Cruz

Meditación de san Bernardo abad

Segunda Lectura del Oficio sábado 20 diciembre

De las homilías de san Bernardo, abad, sobre las excelencias de la Virgen Madre
(Homilía 4, 8-9: Opera omnia, edición cisterciense, 4 [1966), 53-54)


Oíste, Virgen, que concebirás y darás a luz a un hijo; oíste que no será por obra de
varón, sino por obra del Espíritu Santo. Mira que el ángel aguarda tu respuesta, porque ya
es tiempo que se vuelva al Señor que lo envió. También nosotros, los condenados
infelizmente a muerte por la divina sentencia, esperamos, Señora, esta palabra de
misericordia.
Se pone entre tus manos el precio de nuestra salvación; en seguida seremos librados si
consientes. Por la Palabra eterna de Dios fuimos todos creados, y a pesar de eso morimos;
mas por tu breve respuesta seremos ahora restablecidos para ser llamados de nuevo a la
vida.
Esto te suplica, oh piadosa Virgen, el triste Adán, desterrado del paraíso con toda su
miserable posteridad. Esto Abrahán, esto David, con todos los santos antecesores tuyos,
que están detenidos en la región de la sombra de la muerte; esto mismo te pide el mundo
todo, postrado a tus pies.
Y no sin motivo aguarda con ansia tu respuesta, porque de tu palabra depende el
consuelo de los miserables, la redención de los cautivos, la libertad de los condenados, la
salvación, finalmente, de todos los hijos de Adán, de todo tu linaje.
Da pronto tu respuesta. Responde presto al ángel, o, por mejor decir, al Señor por
medio del ángel; responde una palabra y recibe al que es la Palabra; pronuncia tu palabra
y concibe la divina; emite una palabra fugaz y acoge en tu seno a la Palabra eterna.
¿Por qué tardas? ¿Qué recelas? Cree, di que sí y recibe. Que tu humildad se revista de
audacia, y tu modestia de confianza. De ningún modo conviene que tu sencillez virginal se
olvide aquí de la prudencia. En este asunto no temas, Virgen prudente, la presunción;
porque, aunque es buena la modestia en el silencio, más necesaria es ahora la piedad en
las palabras.

Abre, Virgen dichosa, el corazón a la fe, los labios al consentimiento, las castas
entrañas al Criador. Mira que el deseado de todas las gentes está llamando a tu puerta. Si
te demoras en abrirle, pasará adelante, y después volverás con dolor a buscar al amado
de tu alma. Levántate, corre, abre. Levántate por la fe, corre por la devoción abre por el
consentimiento.
Aquí está —dice la Virgen— la esclava del Señor; hágase en mi según tu palabra.

Responsorio Cf. Lc 1, 31. 42

R. Recibe la palabra, Virgen María, que el Señor te anuncia por medio del ángel:
concebirás y darás a luz al Dios hecho hombre, * para que te llamen bienaventurada entre
las mujeres.
V. Darás a luz un hijo sin perder tu virginidad, concebirás en tu seno y serás madre
siempre intacta.
R. Para que te llamen bienaventurada entre las mujeres.

Parroquia de la Santa Cruz