La duda y la fe cuando la barca se hunde

08.08.26 19:35 - Por Parroquia de la Santa Cruz

Homilía en el XIX Domingo del tiempo ordinario

Nuestro párroco, pbro. Juan Francisco Pinilla, nos comparte su homilía en este Domingo, el décimo noveno del tiempo litúrgico común.

A la luz de este Evangelio podemos preguntarnos qué es la fe. El Señor reprochó a Pedro ser hombre de poca fe, ¿por qué dudaste? Entonces ¿la fe se opone a la duda? Eso tenemos que averiguar.
Vemos una barca azotada por el viento, de noche y sin Jesús. Luego, el Señor sale el encuentro de esta barca en la tempestad. Este relato es continuación del Evangelio del domingo pasado. El milagro de los panes que produjo una crisis en los discípulos y Jesús tiene que reconducir a los apóstoles a su verdadera misión.
Al centro está la manifestación del Señor. El Maestro camina sobre el lago en medio de la tormenta, signo de su señorío. Pedro quiere comprobar si es Jesús y pide ir hasta Él sobre las aguas, pero el miedo frena la acción y comienza a hundirse. Miremos de cerca la acción de Jesús: el Señor le ha dicho “ven", luego le tiende la mano, lo agarra y le habla.
Pedro, como el profeta Elías, descubren a Dios en momentos de angustia. Han experimentado la fuerza de la naturaleza como un estar sin Dios y la paz del encuentro.
La fe es un don de Dios para conocerlo y adherir a su voluntad, por eso es un don sobrenatural, es decir, nos lleva a un conocimiento que no es producción humana. Esta fe crece y madura. Y es en la oscuridad y la angustia cuando manifiesta con toda su fuerza y transformadora. Pedro se hundió porque dudó. ¿De qué dudó? ¿En qué fue poca su fe?
¿Dudó de que fuera el Señor quien lo llamaba?
¿Dudó de su poder de sostenerlo?
¿Dudó de su capacidad para ir sobre el lago?
A una mujer cananea el Señor dijo: ¡grande es tu fe!, demostrada en su insistencia.
¿Qué hace que una fe sea grande? La perseverancia en la oscuridad. Por eso, Pedro, como Tomás, nos dan las más profundas lecciones de fe: "Señor, sálvame", "Señor y Dios mío". La fe se muestra como respuesta adecuada al llamado del Señor, al don de su salvación, en toda tormenta.

Evangelio (Mateo 14, 22-33)

Después de la multiplicación de los panes, Jesús obligó a los discípulos que subieran a la barca y pasaran antes que Él a la otra orilla, mientras Él despedía a la multitud. Después, subió a la montaña para orar a solas. Y al atardecer, todavía estaba allí, solo.

La barca ya estaba muy lejos de la costa, sacudida por las olas, porque tenían viento en contra.

A la madrugada, Jesús fue hacia ellos, caminando sobre el mar. Los discípulos, al verlo caminar sobre el mar, se asustaron. “Es un fantasma”, dijeron, y llenos de temor se pusieron a gritar.

Pero Jesús les dijo: “Tranquilícense, soy Yo; no teman”.

Entonces Pedro le respondió: “Señor, si eres Tú, mándame ir a tu encuentro sobre el agua”.

“Ven”, le dijo Jesús. Y Pedro, bajando de la barca, comenzó a caminar sobre el agua en dirección a Él. Pero, al ver la violencia del viento, tuvo miedo, y como empezaba a hundirse, gritó: “Señor, sálvame”. Enseguida, Jesús le tendió la mano y lo sostuvo, mientras le decía:

“Hombre de poca fe, ¿por qué dudaste?”

En cuanto subieron a la barca, el viento se calmó. Los que estaban en ella se postraron ante Él, diciendo: “Verdaderamente, Tú eres el Hijo de Dios”.

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