Santa compañía que nunca falla

31.05.26 09:28 - Por Parroquia de la Santa Cruz

Homilía en la Santísima Trinidad

Nuestro párroco, pbro. Juan Francisco Pinilla, nos comparte su homilía en la solemnidad de la Santísima Trinidad.


Un amigo sacerdote, siendo cura joven en la Patagonia, tuvo una experiencia muy hermosa. Se encontró un día con un ganadero pastoreando más de mil ovejas con sus perros y en esas inmensidades le nació preguntarle si se sentía muy solo. El pastor le dijo: "me sorprende su pregunta, curita; yo, en la mañana, lo primero que hago es persignarme en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo y así ando ‘apatotao' todo el santo día". Esa es comprensión vital del misterio que hoy celebramos. Andar ‘apatotao' tiene un sentido muy profundo: es compañía, amistad y seguridad.

Muchas religiones han alcanzado un conocimiento de Dios como creador todopoderoso, sumamente sabio y trascendente a todo lo que existe. Israel ha experimentado un Dios personal que se une a su Pueblo por medio de su Alianza.

Nosotros creemos en el Dios que nos ha contado Jesucristo, no solo con palabras sino sellando una Alianza de amistad definitiva con la entrega de su vida.

Hemos sido bautizados en el nombre de la santísima Trinidad y así cada día nos persignamos. San Pablo saludaba a los corintios con la gracia del Hijo, el amor del Padre y la comunión del Espíritu Santo, de esta manera atribuye a cada Persona trinitaria un don para nuestra vida de fe. Comienza por el Hijo, Jesucristo, quien nos ha revelado el rostro de amor del Padre, quien por su Espíritu nos impulsa a la comunión fraterna. La revelación de Dios como familia y comunicado en la gracia del bautismo, nos hacer seres trinitarios, llamados a realizar la Trinidad en la historia y la sociedad. Alegrémonos de esta santa compañía que nunca falla, nos da vida eterna, nos protege del mal y nos hace hermanos solidarios.

Evangelio  (Juan 3, 16-18)

Dijo Jesús:

Dios amó tanto al mundo, que entregó a su Hijo único para que todo el que cree en Él no muera, sino que tenga Vida eterna. Porque Dios no envió a su Hijo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por Él. El que cree en Él, no es condenado; el que no cree, ya está condenado, porque no ha creído en el nombre del Hijo único de Dios.

Palabra del Señor.


Parroquia de la Santa Cruz