Paz, Espíritu Santo y perdón,  fuerzas vivas para este tiempo

12.04.26 12:48 - Por Parroquia de la Santa Cruz

Homilía en II Domingo de Pascua

La siguiente es la homilía de nuestro párroco, pbro. Juan Francisco Pinilla, en el segundo Domingo de Pascua.


Hoy, Jesús resucitado nos da su paz, el Espíritu Santo y el perdón. Tres dones de la Pascua para nuestro presente marcado por la "blasfemia de la guerra" y de la violencia. Son tres fuerzas de nuestro bautismo, que estamos llamados a reconocer y a poner por obra. La paz brota de su corazón traspasado, paz de la reconciliación con Dios, nudo primordial de nuestra existencia; nos infunde el Espíritu Santo como primicia de inmortalidad y nos ofrece el perdón como camino de humanización. Son tres fuerzas vivas para oponer al mal que provoca mutilación y muerte. Nos rebelamos con la ira que debemos transformar en sanación.


Por eso, al mal presente oponemos el camino del perdón. Un camino arduo donde se reconoce el mal sufrido, que ha dejado cicatrices, pero va más allá de la rabia y toca el dolor de fondo. Me pregunto si pondrán pórticos en las escuelas que puedan detectar el abandono, la humillación, la incompresión, la soledad... los sufrimientos silenciosos de niños y adolescentes heridos... la rabia tiene como causa el dolor. El perdón es una camino terapéutico que todos necesitamos. 

Nuestro compromiso con la paz pasa por dejarnos conducir por el Espíritu del Resucitado, Él es la fuerza que nos lleva a salir de la duda y del desánimo que engendra el mal y nos hace confesar con Tomás: Señor mío y Dios mío.

Evangelio (Juan 20, 19-31)

Al atardecer del primer día de la semana, los discípulos se encontraban con las puertas cerradas por temor a los judíos. Entonces llegó Jesús y poniéndose en medio de ellos, les dijo:

“¡La paz esté con ustedes!”

Mientras decía esto, les mostró sus manos y su costado. Los discípulos se llenaron de alegría cuando vieron al Señor.

Jesús les dijo de nuevo: “¡La paz esté con ustedes!

Como el Padre me envió a mí, Yo también los envío a ustedes” .

Al decirles esto, sopló sobre ellos y añadió:

“Reciban el Espíritu Santo. Los pecados serán perdonados a los que ustedes se los perdonen, y serán retenidos a los que ustedes se los retengan” .

Tomás, uno de los Doce, de sobrenombre el Mellizo, no estaba con ellos cuando llegó Jesús.

Los otros discípulos le dijeron: “¡Hemos visto al Señor!”

Él les respondió: “Si no veo la marca de los clavos en sus manos, si no pongo el dedo en el lugar de los clavos y la mano en su costado, no lo creeré”.

Ocho días más tarde, estaban de nuevo los discípulos reunidos en la casa, y estaba con ellos Tomás. Entonces apareció Jesús, estando cerradas las puertas, se puso en medio de ellos y les dijo: “¡La paz esté con ustedes!” 

Luego dijo a Tomás: “Trae aquí tu dedo: aquí están mis manos. Acerca tu mano: Métela en mi costado. En adelante no seas incrédulo, sino hombre de fe” .

Tomás respondió:

“¡Señor mío y Dios mío!” Jesús le dijo: “Ahora crees, porque me has visto. ¡Felices los que creen sin haber visto!”

Jesús realizó además muchos otros signos en presencia de sus discípulos, que no se encuentran relatados en este Libro. Estos han sido escritos para que ustedes crean que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y creyendo, tengan Vida en su Nombre..

Parroquia de la Santa Cruz