Nuestro fiel Padre Dios nos ama, certeza para convivir

20.06.26 21:41 - Por Parroquia de la Santa Cruz

Homilía en el Domingo XII del tiempo común

En este Domingo, el duodécimo del tiempo litúrgico común, nuestro párroco, pbro. Juan Francisco Pinilla, nos ofrece su homilía.


Tres veces escuchamos hoy, de parte del Señor: "no tengan miedo". Una palabra para sostener el testimonio de los cristianos perseguidos en el mundo. En el caso más grave: no temer incluso ante la muerte.

El temor es vencido por la confianza en el Padre providente, quien vela hasta de la vida de los gorriones, con mayor razón de la vida de sus hijos. Por lo tanto, se dirige hoy a nuestros temores: el temor financiero, el de perder la salud y la seguridad. ¿Quién no teme ser asaltado o estafado electrónicamente?

La inseguridad es el clima donde vivimos y fomentado por la industria periodística del conflicto, del miedo y la de la desinformación. Hoy nada es creíble de por sí. En el fondo, vivimos una gran crisis de la verdad.

Y, sin el fundamendo de una certidumbre, todo se vuelve móvil, inconsistente. Necesitamos certezas para convivir. Saber que no me vas a engañar. Es decir, fidelidad.

Así se presenta el Señor en la Biblia, como el Dios fiel. Y es la certidumbre del amor de Dios, la que nos revela Jesucristo, asesinado y resucitado. Por eso la Providencia divina es nuestro horizonte de vida, en toda circunstancia. Nuestra confianza se basa en el hecho real de un amor entregado y vivificador. Es lo que celebramos en cada eucaristía. El Dios que vence la muerte nos da su vida y se ofrece como roca donde construirnos, como personas y como sociedad. Podemos reconstruir la confianza en el encuentro personal auténtico  y en los humildes gestos diarios de humanidad.

Evangelio (Mateo 10, 26-33)

Jesús dijo a sus apóstoles:

No teman a los hombres. No hay nada oculto que no deba ser revelado, y nada secreto que no deba ser conocido. Lo que Yo les digo en la oscuridad, repítanlo en pleno día; y lo que escuchen al oído, proclámenlo desde lo alto de las casas.

No teman a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma. Teman más bien a aquél que puede arrojar el alma y el cuerpo al infierno.

¿Acaso no se vende un par de pájaros por unas monedas? Sin embargo, ni uno solo de ellos cae en tierra, sin el consentimiento del Padre de ustedes. También ustedes tienen contados todos sus cabellos. No teman entonces, porque valen más que muchos pájaros.

Al que me reconozca abiertamente ante los hombres, Yo lo reconoceré ante mi Padre que está en el cielo. Pero Yo renegaré ante mi Padre que está en el cielo de aquel que reniegue de mí ante los hombres.

Parroquia de la Santa Cruz