Jesús solidario con nuestra realidad herida

22.02.26 11:10 - Por Parroquia de la Santa Cruz

Homilía Domingo I de Cuaresma

Nuestro párroco, pbro. Juan Francisco Pinilla, nos ofrece su homilía en el primer Domingo de Cuaresma.

Contemplamos, en este primer Domingo de Cuaresma, al Señor en toda su humanidad solidaria con nuestra realidad herida. Las lecturas de hoy muestran un contraste entre la tentación del origen, con la consecuente caída, y la tentación vencida en el nuevo origen de la vida que es Cristo. Se contrastan dos orígenes para la humanidad. El de la herida y el de la sanación.
Pero ¿dónde está el núcleo de la tentación? No en las apariencias engañosas de la avaricia, de la vanagloria, o del poder y de todos los vicios y miserias que nos acechan. La maldad real está en sembrar la desconfianza en el corazón de los hijos, de esa manera mete una cuña que termina separandonos del Padre. Hechos huérfanos y vagabundos, quedamos a merced de cualquier sometimiento.
La tentación hace dudar del don de Dios y finalmente hace sospechar y rechazar su amor. Ahí está la maldad del tentador, quien busca cambiar nuestra identidad auténtica por el vacío.
Susurra el tentador: "Si realmente eres Hijo de Dios", como se ha dicho en el bautismo del Jordán, demuéstralo en...
La tentación se dirige a la identidad profunda del ser humano. Busca falsearlo todo para denigrar, rebajar y anular.
Hoy celebramos la victoria del Hijo, de Aquél que, apoyado en la Palabra de su Padre, salió victorioso de la falsedad y de la muerte. Día para alegrarnos de nuestro bautismo, que nos nos ha hecho partícipes de este triunfo y ha iniciado en nosotros la vida eterna.

Evangelio  (Mateo 4, 1-11)

Jesús fue llevado por el Espíritu al desierto, para ser tentado por el demonio. Después de ayunar cuarenta días con sus cuarenta noches, sintió hambre. Y el tentador, acercándose, le dijo: “Si tú eres Hijo de Dios, manda que estas piedras se conviertan en panes”. 

Jesús le respondió: “Está escrito: “El hombre no vive solamente de pan, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios”.

Luego el demonio llevó a Jesús a la Ciudad santa y lo puso en la parte más alta del Templo, diciéndole: “Si tú eres Hijo de Dios, tírate abajo, porque está escrito: “Dios dará órdenes a sus ángeles, y ellos te llevarán en sus manos para que tu pie no tropiece con ninguna piedra”.

Jesús le respondió: “También está escrito: “No tentarás al Señor, tu Dios”.

El demonio lo llevó luego a una montaña muy alta; desde allí le hizo ver todos los reinos del mundo con todo su esplendor, y le dijo: “Te daré todo esto, si te postras para adorarme”.

Jesús le respondió: “Retírate, Satanás, porque está escrito: “Adorarás al Señor, tu Dios, y a Él solo rendirás culto”.

Entonces el demonio lo dejó, y unos ángeles se acercaron para servirlo.



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