Hacer de la vida un regalo, por Cristo

30.08.26 09:58 - Por Parroquia de la Santa Cruz

Homilía XXII Domingo del tiempo ordinario

La siguiente es la homilía de nuestro párroco, pbro. Juan Francisco Pinilla, en el vigésimo segundo Domingo del tiempo litúrgico común.

El evangelio nos trae hoy una invitación incómoda: perder la vida por Cristo. Un perder, que, en el fondo, es una verdadera ganancia. En estos términos "comerciales", propios del mundo, el Señor presenta su seguimiento, el negarse a sí mismo y cargar con la cruz cada día.
Es un perder a los ojos del mundo, pues este valora la ganancia inmediata y el provecho propio de las cosas. Basta mirar unos segundos la tele para ver la lógica mundana del poder y de la ganancia. El enorme peso de la mundanidad, que Pablo describe con agudeza, constatemente nos empuja a entrar en la corriente de los "ganadores". Por esto, la vida cristiana es un volver, una y otra vez, a caminar detrás del Señor, no solo como aprendices de su reino, sino también protegidos por Él. Y esto es llevar la cruz cada día, caminar por los pasos del Maestro, elegirlo nuevamente a Él y su camino del darse hasta el fin. Pero, como atestigua Jeremías, esto solo es posible si hay un fuego en el corazón. Y eso es verdaderamente la fe, fuego. Fuego que extingue la vanidad de este mundo y abre  a la autentica felicidad: hacer de la vida un don, una gran pérdida.

Evangelio (Mateo 16, 21-27)

Jesús comenzó a anunciar a sus discípulos que debía ir a Jerusalén, y sufrir mucho de parte de los ancianos, de los sumos sacerdotes y de los escribas; que debía ser condenado a muerte y resucitar al tercer día.

Pedro lo llevó aparte y comenzó a reprenderlo, diciendo: “Dios no lo permita, Señor, eso no sucederá”.

Pero Él, dándose vuelta, dijo a Pedro: “¡Retírate, ve detrás de mí, Satanás! Tú eres para mí un obstáculo, porque tus pensamientos no son los de Dios, sino los de los hombres”.

Entonces Jesús dijo a sus discípulos: “El que quiera seguirme, que renuncie a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga. Porque el que quiera salvar su vida, la perderá; y el que pierda su vida a causa de mí, la encontrará.

¿De qué le servirá al hombre ganar el mundo entero si pierde su vida? ¿Y qué podrá dar el hombre a cambio de su vida?

Porque el Hijo del hombre vendrá en la gloria de su Padre, rodeado de sus ángeles, y entonces pagará a cada uno de acuerdo con sus obras”.


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