Eucaristía y sacerdocio, un solo misterio de servicio

02.04.26 21:00 - Por Parroquia de la Santa Cruz

Homilía en misa de la Cena del Señor

La siguiente es la homilía de nuestro párroco en la eucaristía vespertina de la Cena del Señor que presidió este Jueves Santo en nuestra comunidad parroquial.

Debe haber sido muy difícil para Pedro aceptar el gesto de Jesús, que el Señor y Maestro le lavara los pies. Y solo accedió para no dejar de tener parte con Él.
Aceptar el servicio humilde del Señor va todavía en contra de nuestra sensibilidad y de nuestra cultura. Y, sin embargo, es el sello del discipulado. Es el modo que tiene el Señor para entrar en nuestra vida. Se hace nuestro humilde servidor y en su servicio nada hay de dominio, de imposición ni de presión. El Señor nos invita, así, a tener parte con Él. Y quiso perpetuar su servicio de la Eucaristía. Sentados alrededor del altar aceptamos su servicio pleno a nuestra vida cuando se nos da como alimento. Lo mismo ocurre con el servicio sacerdotal en la Iglesia. Los ministros de Cristo transmiten precisamente el servicio salvador del Señor y existen para hacernos participar de su vida eterna.
Eucaristía y sacerdocio, un solo misterio de entrega y de vida para el mundo. Un gran signo para la convivencia humana y para la paz auténtica: todos comprometidos en el servicio a la vida y a la dignidad de los demás.

Evangelio (Juan 13, 1-15)

Antes de la fiesta de Pascua, sabiendo Jesús que había llegado su hora de pasar de este mundo al Padre, Él, que había amado a los suyos que quedaban en el mundo, los amó hasta el fin. 

Durante la Cena, cuando el demonio ya había inspirado a Judas Iscariote, hijo de Simón, el propósito de entregarlo, sabiendo Jesús que el Padre había puesto todo en sus manos y que Él había venido de Dios y volvía a Dios, se levantó de la mesa, se sacó el manto y tomando una toalla se la ató a la cintura. Luego echó agua en un recipiente y empezó a lavar los pies a los discípulos y a secárselos con la toalla que tenía en la cintura.

Cuando se acercó a Simón Pedro, éste le dijo: ¿Tú, Señor, me vas a lavar los pies a mí?” 

Jesús le respondió: No puedes comprender ahora lo que estoy haciendo, pero después lo comprenderásNo, le dijo Pedro, ¡Tú jamás me lavarás los pies a mí!” Jesús le respondió: Si Yo no te lavo, no podrás compartir mi suerteEntonces, Señor, le dijo Simón Pedro, ¡no sólo los pies, sino también las manos y la cabeza!

Jesús le dijo: El que se ha bañado no necesita lavarse más que los pies, porque está completamente limpio. Ustedes también están limpios, aunque no todos. Él sabía quién lo iba a entregar, y por eso había dicho: No todos ustedes están limpios.

Después de haberles lavado los pies, se puso el manto, volvió a la mesa y les dijo: ¿comprenden lo que acabo de hacer con ustedes? Ustedes me llaman Maestro y Señor, y tienen razón, porque lo soy. Si Yo, que soy el Señor y el Maestro, les he lavado los pies, ustedes también deben lavarse los pies unos a otros. Les he dado el ejemplo, para que hagan lo mismo que Yo hice con ustedes.


Imágenes gentileza John Marín

Parroquia de la Santa Cruz