El Espíritu Santo nos abre el corazón a la paz y el perdón 

24.05.26 10:01 - Por Parroquia de la Santa Cruz

Homilía en Pentecostés

Con la solemnidad de Pentecostés (cincuenta días después), hemos concluido el tiempo Pascual. Agradecidos de contar con ocho miembros de nuestra comunidad que han recibido su sacramento de la Confirmación, acogemos los dones del Espíritu Santo, disponiéndonos a ser aliento, soplo, de Dios, en la vida familiar y social. Al terminar la eucaristía, nuestro párroco, pbro. Juan Francisco Pinilla, apagó el cirio pascual que nos acompañó desde la Vigilia Pascual y que ahora sigue estando presente en la liturgia de los sacramentos de Bautismo y Confirmación, y en la celebración de las exequias.


Homilía. La siguiente es la homilía de nuestro párroco en la solemnidad de Pentecostés.


Hoy culminamos el tiempo Pascual de este año y el evangelio nos hace volver a aquella tarde de la resurrección, cuando el Señor resucitado se presenta mostrando las señales de su crucifixión. La alegría supera el miedo y reciben la paz.

Al mismo tiempo, se inaugura la misión de la Iglesia, para esto, el Señor sopla sobre los apóstoles entregándoles su aliento vital, su Espíritu. 

La misión que los discípulos reciben es comunicar la paz del Resucitado, se les da el Espíritu Santo para la misión del perdón.

La Pascua nos ha conducido desde la cruz al don del Espíritu. Todo forma un solo gran misterio de reconciliación.

Hoy, al celebrar el don del Espíritu Santo, se nos envía a perdonar. Ese es el plan de urgencia para la sociedad. Necesitamos entrar en esta misión y responsabilizarnos de la fuerza del perdón. Es la voluntad del Señor y la obra del Espíritu en nosotros. Bajo la animación del Espíritu podemos, cada vez más, abrir el corazón a la paz y al perdón. Vivir como resucitados, por nuestro Bautismo y Confirmación, es extender el perdón a un mundo herido por el odio. Paz y perdón, nuestra urgencia cristiana en el mundo.

Evangelio (Juan 20, 19-23)

Al atardecer del primer día de la semana, los discípulos se encontraban con las puertas cerradas por temor a los judíos. Entonces llegó Jesús y poniéndose en medio de ellos, les dijo: ¡La paz esté con ustedes!

Mientras decía esto, les mostró sus manos y su costado. Los discípulos se llenaron de alegría cuando vieron al Señor. Jesús les dijo de nuevo: ¡La paz esté con ustedes! Como el Padre me envió a mí, Yo también los envío a ustedes.

Al decirles esto, sopló sobre ellos y añadió: Reciban el Espíritu Santo. Los pecados serán perdonados a los que ustedes se los perdonen, y serán retenidos a los que ustedes se los retengan.

Imágenes gentileza de Mariangela Amaiz.

Parroquia de la Santa Cruz