El bien y el mal no dan lo mismo

18.07.26 20:30 - Por Parroquia de la Santa Cruz

Homilía en el XVI Domingo del tiempo común

Nuestro párroco, pbro. Juan Francisco Pinilla, nos comparte su homilía en este Domingo, el XVI del tiempo ordinario.

El evangelio de este Domingo nos ofrece tres parábolas acerca del reino de los cielos. La de la cizaña contrapone dos acciones, la siembra de la buena semilla y la siembra de la cizaña. Surge la inquietud por desmalezar inmediatamente el campo, arrancando la cizaña. Pero el dueño del campo dice que hay que dejarla crecer juntas hasta la siega, allí la cizaña irá al fuego y el trigo al granero. La parábola apunta hacia el final de los tiempos, es decir, hacia la revelación del sentido total de la historia. Solo al final se resuelve la dinámica del bien y del mal.


La pregunta de los trabajadores es permanente: ¿de dónde sale la cizaña? El mal es un gran misterio. El enemigo siembra ocultamente la cizaña. Y es muy parecida a la espiga tierna del trigo. Lo que dificulta el discernimiento. La vida se nos da entreverada. Como se trata del reino de los cielos hay un empeño maligno por destruir el proyecto de Dios sobre el ser humano y eso no es imaginación, lo vemos constantemente, ideologías y poderes que buscan destruir al ser humano. El Papa acaba de darnos una encíclica, precisamente defendiendo la magnífica humanidad y alertando contra los nuevos imperios y las nuevas esclavitudes.

Nuestra fe en el juicio final está en el alma de la esperanza y la paciencia del discípulo cristiano, saber que no da igual hacer el bien o el mal. La verdad se definirá frente a Dios, eterno Bien, para un destino de comunión eterna en el granero, y para el fuego o muerte eterna. Saber la meta del camino alienta cuando la marcha es fatigosa. La siega final es una esperanza. Habrá siempre valido hacer el bien y la justicia, vivir honestamente y en servicio por los demás. Eso tiene un destino de bien eterno.

Evangelio (Mateo 13, 24-43)

Jesús propuso a la gente esta parábola:

“El Reino de los Cielos se parece a un hombre que sembró buena semilla en su campo; pero mientras todos dormían vino su enemigo, sembró cizaña en medio del trigo y se fue. Cuando creció el trigo y aparecieron las espigas, también apareció la cizaña. Los peones fueron a ver entonces al propietario y le dijeron: “Señor, ¿no habías sembrado buena semilla en tu campo? ¿Cómo es que ahora hay cizaña en él?”

Él les respondió: “Esto lo ha hecho algún enemigo”.

Los peones replicaron: “¿Quieres que vayamos a arrancarla?”

“No, les dijo el dueño, porque al arrancar la cizaña, corren el peligro de arrancar también el trigo. Dejen que crezcan juntos hasta la cosecha, y entonces diré a los cosechadores: Arranquen primero la cizaña y átenla en manojos para quemarla, y luego recojan el trigo en mi granero””

También les propuso otra parábola:

“El Reino de los Cielos se parece a un grano de mostaza que un hombre sembró en su campo. En realidad, ésta es la más pequeña de las semillas, pero cuando crece es la más grande de las hortalizas y se convierte en un arbusto, de tal manera que los pájaros del cielo van a cobijarse en sus ramas”.

Después les dijo esta otra parábola:

 “El Reino de los Cielos se parece a un poco de levadura que una mujer mezcla con gran cantidad de harina, hasta que fermenta toda la masa”.

Todo esto lo decía Jesús a la muchedumbre por medio de parábolas, y no les hablaba sin ellas, para que se cumpliera lo anunciado por el Profeta:

“Hablaré en parábolas, anunciaré cosas que estaban ocultas desde la creación del mundo”.

Entonces, dejando a la multitud, Jesús regresó a la casa; sus discípulos se acercaron y le dijeron: “Explícanos la parábola de la cizaña en el campo”.

Él les respondió: “El que siembra la buena semilla es el Hijo del hombre; el campo es el mundo; la buena semilla son los que pertenecen al Reino; la cizaña son los que pertenecen al Maligno, y el enemigo que la siembra es el demonio; la cosecha es el fin del mundo y los cosechadores son los ángeles.

Así como se arranca la cizaña y se la quema en el fuego, de la misma manera sucederá al fin del mundo. El Hijo del hombre enviará a sus ángeles, y éstos quitarán de su Reino todos los escándalos y a los que hicieron el mal, y los arrojarán en el horno ardiente: allí habrá llanto y rechinar de dientes. Entonces los justos resplandecerán como el sol en el Reino de su Padre. ¡El que tenga oídos, que oiga!”

Parroquia de la Santa Cruz