Devolver al ser humano su pertenencia a Dios

18.10.26 07:51 - Por Parroquia de la Santa Cruz

Homilía en el XXI Domingo del tiempo común

La siguiente es la homilía de nuestro párroco, pbro. Juan Francisco Pinilla, para este Domingo, el vigésimo noveno del tiempo litúrgico ordinario.


Dirigen al Señor una pregunta capciosa para comprometerlo ante las autoridades. Si responde que sí, se hace colaboracionista del imperio dominante, un traidor a la patria; si dice que no, se convierte en un sedicioso revolucionario contra Roma. El Señor responde doblemente. Primero, denuncia la hipocresía y segundo, va a algo más radical. Al pedirles una moneda, evidencia que ellos las usan, han aceptado la idolatría de Tiberio, juegan a ser sus esclavos. Les enrostra su hipocresía. Y en las palabras: "devuelvan al Cesar... y a Dios...", no hay que ver dos ámbitos independientes que no se tocan, sino un reordenamiento de la situación social.

Devolver es restaurar algo debido. Si el ser humano es devuelto a Dios, no se puede aceptar la esclavitud ni la idolatría del poder humano.

Hoy, otros césares inhumanos reclaman su tributo. Vivimos bajo nuevas formas de sometimiento cultural, económico y político. Y ¿dónde queda la persona humana, creada a imagen de Dios? Ahi está la tarea de la fe: devolver al ser humano su pertenencia divina, despertar las conciencias a la libertad de los hijos de Dios y no aceptar el culto de los tiranos.

Evangelio (Mateo 22, 15.21)

Los fariseos se reunieron para sorprender a Jesús en alguna de sus afirmaciones. Y le enviaron a varios discípulos con unos herodianos, para decirle: “Maestro, sabemos que eres sincero y que enseñas con toda fidelidad el camino de Dios, sin tener en cuenta la condición de las personas, porque Tú no te fijas en la categoría de nadie. Dinos qué te parece: ¿Está permitido pagar el impuesto al César o no?”

Pero Jesús, conociendo su malicia, les dijo: “Hipócritas, ¿por qué me tienden una trampa? Muéstrenme la moneda con que pagan el impuesto”.

Ellos le presentaron un denario. Y él les preguntó: “¿De quién es esta figura y esta inscripción?”

Le respondieron: “Del César”.

Jesús les dijo: “Den al César lo que es del César, y a Dios, lo que es de Dios”.

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