Cristo, estrella de salvación para toda la humanidad

04.01.26 09:48 - Por Parroquia de la Santa Cruz

Homilía en la Epifanía del Señor

En la solemnidad de la Epifanía del Señor, nuestro párroco, pbro. Juan Francisco Pinilla, nos comparte su homilía. 

Epifanía, fiesta de luz, fiesta de revelación, como dice San Pablo, de un misterio que estuvo oculto por siglos: que la salvación no está encerrada en un pueblo, en un país, en una religión, la salvación de Cristo es para toda la humanidad. Eso representan los magos de oriente, quienes, siguiendo la estrella, han encontrado la estrella que es Cristo y se han llenado de alegría, Cada uno ofreció un don precioso que habla de quién es ese niño, el oro representa lo más preciado, lo más valioso y eso es la vida, el que ha nacido es la vida por excelencia; el incienso se ofrece sólo a Dios y a este niño porque es Dios; la mirra es el perfume de las bodas, este niño que nace es un esposo, el esposo de la humanidad que nos llama con su ternura a una unión íntima de amor.


Tres magos, tres sabios que la tradición identificó hasta con sus nombres: Melchor, Baltasar y Gaspar, cada uno representa una etapa de la vida: Melchor el más anciano, Baltazar el hombre maduro y Gaspar el jovencito. Los magos somos nosotros. Esto significa que la salvación se abre a cada persona en diferentes etapas de la vida, lo importante es encontrarse con el Señor y llenarse de alegría. La estrella que los ha guiado no es una estrella física, corresponde a la bendición del mago Balaam, a enviado por el rey de Moab a maldecir a Israel, pero cada vez Balaam solo puro bendecirlo y en la última bendición dice que surge una estrella de la casa de Judá. Esa estrella es Cristo, dejémonos iluminar por Él y convirtámonos, cada uno y cada una, en una estrella para los que buscan a Dios en sus vidas, rindiendo el homenaje del amor y la justicia. ¡Feliz Epifanía!

 

Evangelio (Mateo 2, 1-12)

 

Cuando nació Jesús, en Belén de Judea, bajo el reinado de Herodes, unos magos de Oriente se presentaron en Jerusalén y preguntaron: “¿Dónde está el rey de los judíos que acaba de nacer? Porque vimos su estrella en Oriente y hemos venido a adorarlo”.

Al enterarse, el rey Herodes quedó desconcertado y con él toda Jerusalén. Entonces reunió a todos los sumos sacerdotes y a los escribas del pueblo, para preguntarles en qué lugar debía nacer el Mesías. “En Belén de Judea, le respondieron, porque así está escrito por el Profeta: ‘Y tú, Belén, tierra de Judá, ciertamente no eres la menor entre las principales ciudades de Judá, porque de ti surgirá un jefe que será el Pastor de mi pueblo, Israel’”.

Herodes mandó llamar secretamente a los magos y, después de averiguar con precisión la fecha en que había aparecido la estrella, los envió a Belén, diciéndoles: “Vayan e infórmense cuidadosamente acerca del niño, y cuando lo hayan encontrado, avisen me para que yo también vaya a rendirle homenaje”. 

Después de oír al rey, ellos partieron. La estrella que habían visto en Oriente los precedía, hasta que se detuvo en el lugar donde estaba el niño. Cuando vieron la estrella se llenaron de alegría y, al entrar en la casa, encontraron al niño con María, su madre, y postrándose, le rindieron homenaje. Luego, abriendo sus cofres, le ofrecieron dones: oro, incienso y mirra. Y como recibieron en sueños la advertencia de no regresar al palacio de Herodes, volvieron a su tierra por otro camino.

 

Parroquia de la Santa Cruz