Homilía IV Domingo de Pascua

La siguiente es la homilía de nuestro párroco, pbro. Juan Francisco Pinilla, en este IV Domingo de Pascua.
La Pascua que hemos celebrado florece en el cuarto domingo como domingo del Buen Pastor. Cada tres años vamos meditando diversos momentos del capítulo 10 del evangelio de Juan. Hoy, la imagen prevalente es la de la puerta del rebaño. Jesús se presenta como guardián de las ovejas. En efecto, en la costumbre agropecuaria del tiempo de Jesús, las ovejas se guardaban de noche en una pirca, rodeada de espinas para protegerlas y evitar que se escaparan. El pastor se acurrucaba en el trecho que quedaba abierto y era efectivamente la puerta. Muchos corrales eran comunitarios, entonces el guardián dejaba salir a las ovejas cuando el dueño las llamaba. Jesús se presenta como guardián protector. Podemos decir que actúa como guardián de nuestro corazón, de nuestra cultura, de nuestra sociedad, de las relaciones que establecemos. Jesús es la puerta que impide entrar al mal. Hay salteadores y bandidos que anenazan al rebaño. Él es la puerta, esto significa un acceso y una libertad, indicándonos que todo debe pasar por el pastor resucitado. Al salir de nosotros, pasamos por esta puerta del amor que vence la muerte y también actúa como filtro y protección frente a lo que nos quiere invadir continuamente. Adherir a Cristo significa oir su voz y aceptarlo como puerta, como lugar de acceso a la vida y a la libertad verdadera.
Evangelio (Juan 10, 1-10)
Jesús dijo a los fariseos:
“Les aseguro que el que no entra por la puerta en el corral de las ovejas, sino trepando por otro lado, es un ladrón y un asaltante. El que entra por la puerta es el pastor de las ovejas. El guardián le abre y las ovejas escuchan su voz. Él llama a las suyas por su nombre y las hace salir. Cuando ha sacado todas las suyas, va delante de ellas y las ovejas lo siguen, porque conocen su voz. Nunca seguirán a un extraño, sino que huirán de él, porque no conocen su voz”.
Jesús les hizo esta comparación, pero ellos no comprendieron lo que les quería decir.
Entonces Jesús prosiguió:
“Les aseguro que Yo soy la puerta de las ovejas. Todos aquellos que han venido antes de mí son ladrones y asaltantes, pero las ovejas no los han escuchado. Yo soy la puerta. El que entra por mí se salvará; podrá entrar y salir, y encontrará su alimento. El ladrón no viene sino para robar, matar y destruir. Pero Yo he venido para que las ovejas tengan Vida, y la tengan en abundancia”.

