¿Hay algo más grande que ser hijas/os de Dios?

01.11.26 08:46 - Por Parroquia de la Santa Cruz

Homilía en la solemnidad de Todos los Santos

En la solemnidad de Todos los Santos, ofrecemos la homilía de nuestro párroco, presbítero Juan Francisco Pinilla.


"Mirad qué amor nos ha tenido el Padre para llamarnos hijos de Dios, pues ¡lo somos!" Esta gran noticia une la gran visión del Apocalipsis y el Evangelio. La fiesta de todos los santos es la fiesta de la Iglesia. Celebramos un ahora de la eternidad en el tiempo y la meta del camino.

La visión del apocalipsis de aquellos que lavaron sus vestidos en la sangre del Cordero, significa nuestro bautismo. Un baño en la Pascua del Señor. Y este baño es la primera bienaventuranza o felicidad. Los pobres de espíritu, o sea, de verdad, son los hijos de Dios, que se saben peregrinos en este mundo y cuya herencia es el cielo. Podemos, en esta fiesta, preguntarnos por la razón profunda de nuestra alegría. ¿Hay algo más grande que ser hijo/a de Dios? El evangelio nos invita a vivir desde esta auténtica identidad. Y, desde este regalo, articular toda nuestra vida, nuestras decisiones y nuestro compromiso con un mundo mejor. 

Es el camino que nos trazó el Señor. Bregar en contra de un mundo deshumanizador, con la conciencia de vivir ya en el Reino de los hijos de Dios, orientados hacia la plenitud de la vida y del amor. Esta plenitud se asoma en la justicia y en los efuerzos por la paz. Bienaventurados, felices para siempre los que cuidan y cultivan la humanidad de los hijos de Dios.

Evangelio (Mateo 4, 25—5, 12)


Seguían a Jesús grandes multitudes, que llegaban de Galilea, de la Decápolis, de Jerusalén, de Judea y de la Transjordania. Al ver la multitud, Jesús subió a la montaña, se sentó, y sus discípulos se acercaron a Él. Entonces tomó la palabra y comenzó a enseñarles, diciendo:

“Felices los que tienen alma de pobres, porque a ellos les pertenece el Reino de los Cielos.

Felices los afligidos, porque serán consolados.

Felices los pacientes, porque recibirán la tierra en herencia.

Felices los que tienen hambre y sed de justicia, porque serán saciados.

Felices los misericordiosos, porque obtendrán misericordia.

Felices los que tienen el corazón puro, porque verán a Dios. Felices los que trabajan por la paz, porque serán llamados hijos de Dios.

Felices los que son perseguidos por practicar la justicia, porque a ellos les pertenece el Reino de los Cielos.

Felices ustedes, cuando sean insultados y perseguidos, y cuando se los calumnie en toda forma a causa de mí.

Alégrense y regocíjense entonces, porque ustedes tendrán una gran recompensa en el cielo; de la misma manera persiguieron a los profetas que los precedieron”.

Parroquia de la Santa Cruz