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Vigilia Pascual: ¡Verdaderamente ha resucitado el Señor!

La solemne Vigilia de Pascua se celebró este Sábado Santo desde las 20 horas en el exterior de nuestro santuario, con la bendición del fuego y posterior preparación del Cirio, el que fue inciensado y llevado en procesión por el interior del templo, al tiempo que la comunidad encendía sus cirios en espera de la Luz viviente. Tras la proclamación del pregón pascual, se repasó la historia de la salvación en diversas lecturas bíblicas acompañadas con sus salmos y una oración. Con el canto de Gloria los participantes aclamamos a Cristo Resucitado, se iluminó el templo y repicaron las campanas en señal de júbilo. En la eucaristía, que presidió nuestro párroco, el pbro. Juan Francisco Pinilla, concelebrando nuestro vicario parroquial, pbro. Luis Eugenio Silva, la comunidad renovó sus promesas de fe bautismales y recibió el signo del Agua que representa la vida nueva en Jesús vencedor de la muerte. Presentamos aquí la reflexión que nos entregó nuestro párroco, en su homilía.

Literalmente, el crucificado ha sido resurgido de entre los muertos. La resurrección se dice en pasivo.
Es la gran noticia del amanecer que sigue a esta vigilia.
El Padre Dios ha hecho resurgir a su Hijo de entre los muertos .

El Señor lo había anunciado de antemano, los discípulos habían sido testigos de la reanimación de algunos muertos realizada por el Maestro. Pero, su propio resurgir de la muerte sonaba algo todavía inimaginable. La muerte cruenta y vergonzosa marcaba un fin y un fracaso irreversibles.

El evangelio no indaga en el cómo del milagro, sino en la urgencia de anunciarlo, que se sepa que el Señor vive, que ha sido resucitado. Cada Domingo del año nos haremos eco de este anuncio gozoso y no reuniremos para celebrar esta presencia viva entre nosotros, que hace de nosotros una comunión, una familia.

El crucificado que buscaban las Marías, es ahora el resucitado; el temor se ha cambiado en alegría, la oscuridad de la noche en la luz día. Todo es Pascua, paso a la vida. Y esta pascua es la clave de lectura de nuestra vida y de la historia; la misma oscuridad de nuestra muerte se transforma en ansia de encuentro y vida plena.

La resurrección del Señor nos propone un horizonte de esperanza ante toda oscuridad de este mundo. Se nos da una esperanza fundada en su vida inmortal. El Señor ya no muere más, vive para siempre.

Hoy vamos a renovar las promesas de nuestro bautismo, el cual nos hace caminar, ya en esta vida, como personas resucitadas. El camino es Cristo; la ruta, la obediencia libre al evangelio.

Hagamos resonar hoy la victoria de la vida sobre la muerte, sobre todo por el testimonio de vidas que se dejan transformar por el amor victorioso del Señor.

Imágenes de John Marín