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Victoria del amor de nuestro Cordero y Pastor

La siguiente es la reflexión que nos comparte nuestro párroco, presbítero Juan Francisco Pinilla, para el Cuarto Domingo de Pascua:

La palabra de Dios en este Domingo nos muestra un panorama de la iglesia que brota de la Pascua de Cristo, que nace de su costado traspasado. Una comunidad gloriosa y peregrina en este mundo.
En la primera lectura la crisis del anuncio del Evangelio en Antioquia de Pisidia, hace que Pablo y Bernabé, de manera muy resuelta se consagren al anuncio del Evangelio entre los no judíos, los llamados gentiles. Y eso da inicio a esta explosión del evangelio en todo el mundo. A partir de esta crisis la iglesia creció y se expandió en todo el mundo.
En el Apocalipsis vemos una multitud innumerable de todo tipo de personas que están delante del cordero. El Cordero que los guía es Cristo sacrificado.

En el evangelio vemos un rebaño pastoreado por Cristo. Un rebaño que pertenece al Padre Dios, por eso el pastoreo de Cristo, en el fondo, es el pastoreo del Padre, porque el rebaño es propiedad del Padre, de las manos del Padre.
Lo que hace pertenecer al rebaño es la ecucha de su voz y el seguimiento.  La respuesta a su voz.
El Pastor les da vida en plenitud. Conoce a cada una de los ovejas y nadie se las puede arrebatar. Es un pastor que es, a la vez, un cordero sacrificado, de cuyas manos llagadas, nadie puede arrebatar su rebaño.
Esa es una convicción del rebaño. La victoria del amor de su Cordero-Pastor.
La Iglesia es pastoral en su esencia. Se constituye por la escucha y el seguimiento  y sobre todo por la confianza de saberse conocidos por el Pastor  y conquistados para siempre por su amor sacrificado.