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Conversión: salir de nuestras cómodas fronteras

Reflexión de nuestro párroco, Pbro. Juan Francisco Pinilla, para este Tercer Domingo del Tiempo Ordinario.

Hoy el llamado del Señor es a la conversión. La razón es que el Reino de Dios ha llegado. Conversión traduce una hermosa palabra griega: metanoia, que literalmente quiere decir: cambio de mentalidad, cambio de manera de pensar y de conducirse en la vida.

Este llamado al cambio está enmarcado por lo que podemos llamar la conversión del propio Jesús y la de sus primeros discípulos.

El evangelio relata que Jesús abandonó Nazaret, el hogar donde se ha criado y ha ido a establecerse en Cafarnaum. Deja su aldea de montaña y se hace cosmopolita. Cafarnaum era una ciudad junto a la via maris, antigua carretera de tránsito internacional, de Egipto hasta el Asia menor, lugar de cruce de culturas, idiomas, mercancías, etc. Allí se establece Jesús, porque su anuncio es universal, desde su origen el evangelio se ofrece a todas las personas, dialoga, sale al encuentro de la diversidad, es inclusivo.

A este anuncio del Reino, el Señor quiso asociar a sus discípulos. Llama a dos pares de hermanos, que responden inmediatamente. Unos deben abandonar las redes; otros, la barca y el padre. Son conversiones reales.

Este evangelio nos invita a la conversión, a salir de nuestras cómodas fronteras y ofrecer la vida del Señor sin temor. A no quedarnos atrapados en redes de la falsa seguridad de lo de «siempre se ha hecho así» y  a dejar la barca acostumbrada, nuestro oficio diario, y pasar a la barca de la Iglesia, vivir lo que hacemos con sentido de entrega y de servicio al Reinado de Dios.

Resuene en nuestros corazones el imperativo del Señor: ¡conviértanse! Tarea diaria, de toda la vida.

Evangelio (Mateo   4, 12-23)

Cuando Jesús se enteró de que Juan Bautista había sido arrestado, se retiró a Galilea. Y, dejando Nazaret, se estableció en Cafarnaúm, a orillas del lago, en los confines de Zabulón y Neftalí, para que se cumpliera lo que había sido anunciado por el profeta Isaías:

¡Tierra de Zabulón, tierra de Neftalí, camino del mar, país de la Transjordania, Galilea de las naciones! El pueblo que se hallaba en tinieblas vio una gran luz; sobre los que vivían en las oscuras regiones de la muerte, se levantó una luz.

A partir de ese momento, Jesús comenzó a proclamar: Conviértanse, porque el Reino de los Cielos está cerca.

Mientras caminaba a orillas del mar de Galilea, Jesús vio a dos hermanos: a Simón, llamado Pedro, y a su hermano Andrés, que echaban las redes al mar porque eran pescadores. Entonces les dijo: Síganme, y Yo los haré pescadores de hombres.

Inmediatamente, ellos dejaron las redes y lo siguieron.

Continuando su camino, vio a otros dos hermanos: a Santiago, hijo de Zebedeo, y a su hermano Juan, que estaban en la barca con Zebedeo, su padre, arreglando las redes; y Jesús los llamó.

Inmediatamente, ellos dejaron la barca y a su padre, y lo siguieron.

Jesús recorría toda la Galilea, enseñando en las sinagogas de ellos, proclamando la Buena Noticia del Reino y sanando todas las enfermedades y dolencias de la gente.

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