<?xml version="1.0" encoding="UTF-8" ?><!-- generator=Zoho Sites --><rss version="2.0" xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom" xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/"><channel><atom:link href="https://www.parroquiadelasantacruz.cl/noticias/tag/palabra-de-dios/feed" rel="self" type="application/rss+xml"/><title>Parroquia de la Santa Cruz de Ñuñoa - Noticias #Palabra de Dios</title><description>Parroquia de la Santa Cruz de Ñuñoa - Noticias #Palabra de Dios</description><link>https://www.parroquiadelasantacruz.cl/noticias/tag/palabra-de-dios</link><lastBuildDate>Sun, 12 Jul 2026 15:34:23 -0700</lastBuildDate><generator>http://zoho.com/sites/</generator><item><title><![CDATA[La Palabra de Dios toca nuestro corazón]]></title><link>https://www.parroquiadelasantacruz.cl/noticias/post/la-palabra-de-dios-toca-nuestro-corazón</link><description><![CDATA[Nuestro párroco, pbro. Juan Francisco Pinilla, nos comparte su homilía en este Domingo XV del tiempo litúrgico ordinario. La parábola de este Domingo n ]]></description><content:encoded><![CDATA[<div class="zpcontent-container blogpost-container "><div data-element-id="elm_sH2-mtkqT2K2YmARaVRbBg" data-element-type="section" class="zpsection "><style type="text/css"></style><div class="zpcontainer-fluid zpcontainer"><div data-element-id="elm_hG-RBI-RT9aN1WR1mF8mnw" data-element-type="row" class="zprow zprow-container zpalign-items- zpjustify-content- " data-equal-column=""><style type="text/css"></style><div data-element-id="elm_D9AtpCtxR-WSaZmcgO7sMw" data-element-type="column" class="zpelem-col zpcol-12 zpcol-md-12 zpcol-sm-12 zpalign-self- "><style type="text/css"></style><div data-element-id="elm_mvfgrN_HRSGJ5MipYl-W0Q" data-element-type="heading" class="zpelement zpelem-heading "><style></style><h2
 class="zpheading zpheading-align-center zpheading-align-mobile-center zpheading-align-tablet-center " data-editor="true"><span style="font-size:32px;">Homilía en XV Domingo del tiempo común</span><br/></h2></div>
<div data-element-id="elm_1clXxXBDkSg5g2b4ziHocQ" data-element-type="image" class="zpelement zpelem-image "><style> @media (min-width: 992px) { [data-element-id="elm_1clXxXBDkSg5g2b4ziHocQ"] .zpimage-container figure img { width: 800px !important ; height: 436px !important ; } } </style><div data-caption-color="" data-size-tablet="" data-size-mobile="" data-align="center" data-tablet-image-separate="false" data-mobile-image-separate="false" class="zpimage-container zpimage-align-center zpimage-tablet-align-center zpimage-mobile-align-center zpimage-size-custom zpimage-tablet-fallback-fit zpimage-mobile-fallback-fit hb-lightbox " data-lightbox-options="
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                theme:dark"><figure role="none" class="zpimage-data-ref"><span class="zpimage-anchor" role="link" tabindex="0" aria-label="Open Lightbox" style="cursor:pointer;"><picture><img class="zpimage zpimage-style-none zpimage-space-none " src="/files/Palabratocatucoraz%C3%B3n.jpg" size="custom" alt="Imagen creada con ayuda de inteligencia artificial" data-lightbox="true"/></picture></span></figure></div>
</div><div data-element-id="elm_fcssSy0pS0mBS8d_9qed9A" data-element-type="text" class="zpelement zpelem-text "><style></style><div class="zptext zptext-align-center zptext-align-mobile-center zptext-align-tablet-center " data-editor="true"><p style="text-align:justify;">Nuestro párroco, pbro. Juan Francisco Pinilla, nos comparte su homilía en este Domingo XV del tiempo litúrgico ordinario.</p><p style="text-align:justify;"><br/></p><p></p><div><div style="text-align:justify;">La parábola de este Domingo nos presenta una acción en triángulo. Primero, el sembrador, del cual no se dice nada, queda oculto en el trasfondo de la acción; segundo, las semillas esparcidas con distinto destino y, tercero, los distintos tipos de tierra y su fecundidad propia.</div><div style="text-align:justify;">Solo una parte de las semillas cayó en tierra fértil. Parece un gran desperdicio. Es un rasgo de la identidad del sembrador: siembra sin calcular el retorno, con sobreabundancia de vida, de generosidad y con esperanza en la fuerza de la semilla.</div><div style="text-align:justify;"><br/></div><div style="text-align:justify;">Luego, de manera alegórica se explica el sentido del relato aplicado a la recepción de la Palabra de Dios. Surge la pregunta: ¿quién podría adjudicarse a sí mismo el hecho de ser ciento por ciento tierra fecunda? ¿No pasamos muchas veces por momentos de dureza impenetrable? ¿O momentos de entusiasmo de poca duración? Y ¿qué decir de las preocupaciones de la vida y del afán del dinero que, como zarzamoras, ahogan la fe? Somos nosotros todos esos terrenos. La invitación del evangelio es a escuchar y comprender la Palabra del Señor. Ahí está la fuerza de su fecundidad. La Palabra, por el entendimiento, alcanza el corazón y la vida.</div><div style="text-align:justify;"><br/></div><div style="text-align:justify;">Una invitación a ordenar el día en torno a esa siembra y a esa escucha. Daremos frutos, cada uno a su manera, en la medida de comprender y asimilar la Palabra de Dios.</div></div><div style="text-align:justify;"><br/></div><p></p><div style="text-align:justify;"><strong>Evangelio </strong>(Mateo &nbsp;13, 1-23)</div><div style="text-align:justify;"><br/></div><div><div style="text-align:justify;"></div><div><p style="margin-bottom:10px;text-align:justify;"><span>Jesús salió de la casa y se sentó a orillas del mar. Una gran multitud se reunió junto a Él, de manera que debió subir a una barca y sentarse en ella, mientras la multitud permanecía en la costa. Entonces Él les habló extensamente por medio de parábolas.</span></p><p style="margin-bottom:10px;text-align:justify;"><span>Les decía: “El sembrador salió a sembrar. Al esparcir las semillas, algunas cayeron al borde del camino y los pájaros las comieron. Otras cayeron en terreno pedregoso, donde no había mucha tierra, y brotaron enseguida, porque la tierra era poco profunda; pero cuando salió el sol, se quemaron y, por falta de raíz, se secaron. Otras cayeron entre espinas, y éstas, al crecer, las ahogaron. Otras cayeron en tierra buena y dieron fruto: unas cien, otras sesenta, otras treinta. ¡El que tenga oídos, que oiga!”.</span></p><p style="margin-bottom:10px;text-align:justify;"><span>Los discípulos se acercaron y le dijeron: “¿Por qué les hablas por medio de parábolas?”</span></p><p style="margin-bottom:10px;text-align:justify;"><span>Él les respondió: “A ustedes se les ha concedido conocer los misterios del Reino de los Cielos, pero a ellos no. Porque a quien tiene, se le dará más todavía y tendrá en abundancia, pero al que no tiene, se le quitará aún lo que tiene. Por eso les hablo por medio de parábolas: porque miran y no ven, oyen y no escuchan ni entienden. Y así se cumple en ellos la profecía de Isaías, que dice: “Por más que oigan, no comprenderán, por más que vean, no conocerán. Porque el corazón de este pueblo se ha endurecido, tienen tapados sus oídos y han cerrado sus ojos, para que sus ojos no vean, y sus oídos no oigan, y su corazón no comprenda, y no se conviertan, y yo no los sane”.</span></p><p style="margin-bottom:10px;text-align:justify;"><span>Felices, en cambio, los ojos de ustedes, porque ven; felices sus oídos, porque oyen. Les aseguro que muchos profetas y justos desearon ver lo que ustedes ven, y no lo vieron; oír lo que ustedes oyen, y no lo oyeron.</span></p><p style="margin-bottom:10px;text-align:justify;"><span>Escuchen, entonces, lo que significa la parábola del sembrador.</span></p><p style="margin-bottom:10px;text-align:justify;"><span>Cuando alguien oye la Palabra del Reino y no la comprende, viene el Maligno y arrebata lo que había sido sembrado en su corazón: éste es el que recibió la semilla al borde del camino.</span></p><p style="margin-bottom:10px;text-align:justify;"><span>El que la recibe en terreno pedregoso es el hombre que, al escuchar la Palabra, la acepta enseguida con alegría, pero no la deja echar raíces, porque es inconstante: en cuanto sobreviene una tribulación o una persecución a causa de la Palabra, inmediatamente sucumbe.</span></p><p style="margin-bottom:10px;text-align:justify;"><span>El que recibe la semilla entre espinas es el hombre que escucha la Palabra, pero las preocupaciones del mundo y la seducción de las riquezas la ahogan, y no puede dar fruto.</span></p><p style="margin-bottom:10px;text-align:justify;"><span>Y el que la recibe en tierra fértil es el hombre que escucha la Palabra y la comprende. Éste produce fruto, ya sea cien, ya sesenta, ya treinta por uno”.</span></p><p style="margin-bottom:10px;text-align:justify;"><span><br/></span></p><p style="margin-bottom:10px;text-align:justify;"><span style="font-style:italic;">Imagen creada con ayuda de inteligencia artificial</span><br/></p></div></div></div>
</div><div data-element-id="elm_MyuoXj-3SN-DOBaBQzsMsA" data-element-type="button" class="zpelement zpelem-button "><style></style><div class="zpbutton-container zpbutton-align-center zpbutton-align-mobile-center zpbutton-align-tablet-center"><style type="text/css"></style><a class="zpbutton-wrapper zpbutton zpbutton-type-primary zpbutton-size-md zpbutton-style-none " href="/noticias/homilías"><span class="zpbutton-content">Ver todas las homilías</span></a></div>
</div></div></div></div></div></div> ]]></content:encoded><pubDate>Sun, 12 Jul 2026 13:36:58 -0400</pubDate></item></channel></rss>