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¿Este no es el carpintero?

La siguiente es la homilía del pbro. Juan Francisco Pinilla para este Domingo, XIV del tiempo litúrgico común.

¿A qué se debe la falta de fe que Jesús comprueba en Nazaret? Precisamente, a su cercanía y a la familiaridad con su vecindario. El Señor repite un dicho de la sabiduría popular: «nadie es profeta en su tierra».

Pero, ¿cuál es el mecanismo psicológico que impide la aceptación de la obra de Dios en lo concreto? Sin duda, la idea misma que se tiene de Dios y de cómo esperamos que debería actuar. Jesús era toda una novedad, no por lo diferente, sino por la incomprensión del actuar de Dios en la historia.

¿Cómo debería actuar un Dios que está en el cielo cuando viene a la tierra? ¿Acaso de modo «celestial», que nadie ha visto nunca, o al modo humano para hacerse comprender y amar? Sin embargo, la humanidad de Jesús sigue el camino trazado por el Dios de Israel, que acontece en la historia.

El problema para los vecinos y parientes de Nazaret era aceptar que el Mesías tuviera sus propios rasgos, su misma consainguinidad, su manera de hablar…

También para nosotros puede ser difícil aceptar que el Señor nos hable y nos salve a través de simples personas como nosotros. Pero es que Dios nos busca en lo cotidiano, en lo terrestre de cada día.

La mirada de Nazaret era muy corta. La presencia del Señor se revela a la mirada contemplativa de la fe, mirada que toma en serio el presente, justamente, como espacio concreto donde el Señor nos habla en nuestro propio idioma y donde busca salvarnos. Eso hace que todo sea valioso para la fe y que todo debemos respetar como Epifanía del amor de Dios.

Evangelio (Marcos 6, 1-6a)

Jesús se dirigió a su pueblo, seguido de sus discípulos. Cuando llegó el sábado, comenzó a enseñar en la sinagoga, y la multitud que lo escuchaba estaba asombrada y decía: ¿De dónde saca todo esto? ¿Qué sabiduría es ésa que le ha sido dada y esos grandes milagros que se realizan por sus manos? ¿No es acaso el carpintero, el hijo de María, hermano de Santiago, de José, de Judas y de Simón? ¿Y sus hermanas no viven aquí entre nosotros? Y Jesús era para ellos un motivo de escándalo.

Por eso les dijo: Un profeta es despreciado solamente en su pueblo, en su familia y en su casa. Y no pudo hacer allí ningún milagro, fuera de sanar a unos pocos enfermos, imponiéndoles las manos. Y Él se asombraba de su falta de fe.

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