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¿Dónde está tu tesoro?

La siguiente es la homilía para este Domingo, XVII del Tiempo común, que nos comparte nuestro párroco, Pbro. Juan Francisco Pinilla.

Un tesoro enterrado, una perla valiosísima y una red. Nuevas comparaciones para hablar del Reino de Dios y animar nuestra fe. Cada imagen corresponde a diferentes maneras de acceder a la fe. Algunos han sido sorprendidos por Jesús , de manera inesperada; otros lo encuentran tras una fatigosa búsqueda. Y todos salvados del agua por una misma red.

En todo caso, la fe se trata de un encuentro que provoca una inmensa alegría. Porque creer en Jesús es  lo más valioso que nos pudo ocurrir en la vida, como confiesa san Pablo, todo lo anterior en un instante le pareció basura. Este evangelio nos hace volver a la experiencia fundante de nuestra fe, que en el fondo fue y es una inmensa alegría. 

Aquel campesino y aquel comerciante somos cada uno de nosotros, porque toda vida es una búsqueda del tesoro, de aquello valioso en lo que empeñamos y nos afanamos toda la vida. «Donde está tu tesoro, allí está  tu corazón». Pero, así como en la red, desgraciadamente, no todos llegan a pertenecer realmente al Reino. Por eso, gratuidad, alegría y responsabilidad son tres pilares de la vida de la fe, los cuales se nos presentan hoy para seguir deshaciéndose de baratijas y adquirir el único tesoro que merece la pena alcanzar, a la luz del cual todo adquiere su real dimensión.

Evangelio (Mateo 13, 44-52)

Jesús dijo a la multitud:

El Reino de los Cielos se parece a un tesoro escondido en un campo; un hombre lo encuentra, lo vuelve a esconder, y lleno de alegría, vende todo lo que posee y compra el campo.

El Reino de los Cielos se parece también a un negociante que se dedicaba a buscar perlas finas; y al encontrar una de gran valor, fue a vender todo lo que tenía y la compró.

El Reino de los Cielos se parece también a una red que se echa al mar y recoge toda clase de peces. Cuando está llena, los pescadores la sacan a la orilla y, sentándose, recogen lo bueno en canastas y tiran lo que no sirve.

Así sucederá al fin del mundo: vendrán los ángeles y separarán a los malos de entre los justos, para arrojarlos en el horno ardiente. Allí habrá llanto y rechinar de dientes.

¿Comprendieron todo esto?

, le respondieron.

Entonces agregó: Todo escriba convertido en discípulo del Reino de los Cielos se parece a un dueño de casa que saca de sus reservas lo nuevo y lo viejo.

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