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Al encuentro de la luz

El siguiente es el texto de la homilía que nos comparte, para la reflexión, nuestro párroco, Pbro. Juan Francisco Pinilla, para la solemnidad de la Epifanía del Señor.

La luz revela las sombras. Hay superficies que son iluminadas y otras que permanecen en la oscuridad. Por eso, el advenimiento de la luz suscita también la posibilidad de salirle al encuentro. Epifanía quiere decir «manifestación».  Celebramos hoy la la fiesta de Dios que se muestra en Cristo, «luz que viene de lo alto para iluminar a los que viven en tinieblas». Epifanía es una invitación a salir al encuentro de la luz. El evangelio nos muestra un enorme contraste. La epifanía de Jesús niño en Belén iluminó de lejos a unos magos extranjeros, y dejó en la oscuridad a Herodes y a toda Jerusalén.

Por un lado, vemos unos magos que se han puesto en camino y la estrella, finalmente, los ha inundado de una inmensa alegría. Pero ¿por qué Mateo dice magos? Una denominación casi despreciativa, casi como decir brujos, hechiceros o charlatanes. Pudo haber dicho sabios de oriente, pero mantiene la palabra magos. Y es que en la Biblia (Nm 22-24) hay un mago y extranjero llamado Balaam, que Balaq, el rey de Moab, contrata para echar una maldición contra Israel. Por tres veces, Balaam no puede si no bendecir a Israel, bajo las órdenes de Dios, lo que enfurece al rey. En la cuarta bendición profetiza diciendo: «Lo veo, aunque no para ahora, lo diviso, pero no de cerca: de Jacob avanza una estrella, un cetro surge de Israel». Un mago extranjero que obedece al Dios de Israel.

Por otro lado, Herodes  ante la estrella, se queda petrificado en su trono y asustado. El temor de perder el poder, lo ha llevado a asesinar varias personas, a su segunda mujer, al abuelo de su esposa, a su cuñado y a tres hijos… Herodes es un medio extranjero, impuesto como rey por Augusto y filo romano. Ha erigido templos a dioses romanos, teatros y circos con gladiadores. Nada más contrario a la ética de Israel.

Así vemos que la misma luz hace que los magos se pongan en camino y que Herodes permanezca en la oscuridad. Cristo es la estrella que surge de lo alto «para conducir nuestro pasos por el camino de la paz». Epifanía es para nosotros una invitación a ponernos en camino, como aquellos extranjeros, (obedientes a un Dios que no conocían). Dejar la oscuridad y salir al encuentro de aquella luz, dejarse iluminar por ella y atreverse a emprender «otro camino».

¿Cuál es ese nuevo camino al que la estrella nos invita, en lo personal y comunitario? ¿Tengo suficiente alegría como para emprender los riesgos de ese nuevo camino? ¿Es Cristo de verdad mi estrella?

Evangelio (Mateo 2, 1-12)

Cuando nació Jesús, en Belén de Judea, bajo el reinado de Herodes, unos magos de Oriente se presentaron en Jerusalén y preguntaron: “¿Dónde está el rey de los judíos que acaba de nacer? Porque vimos su estrella en Oriente y hemos venido a adorarlo”.

Al enterarse, el rey Herodes quedó desconcertado y con él toda Jerusalén. Entonces reunió a todos los sumos sacerdotes y a los escribas del pueblo, para preguntarles en qué lugar debía nacer el Mesías. “En Belén de Judea, le respondieron, porque así está escrito por el Profeta: ‘Y tú, Belén, tierra de Judá, ciertamente no eres la menor entre las principales ciudades de Judá, porque de ti surgirá un jefe que será el Pastor de mi pueblo, Israel’”.

Herodes mandó llamar secretamente a los magos y, después de averiguar con precisión la fecha en que había aparecido la estrella, los envió a Belén, diciéndoles: “Vayan e infórmense cuidadosamente acerca del niño, y cuando lo hayan encontrado, avísenme para que yo también vaya a rendirle homenaje”.

Después de oír al rey, ellos partieron. La estrella que habían visto en Oriente los precedía, hasta que se detuvo en el lugar donde estaba el niño. Cuando vieron la estrella se llenaron de alegría y, al entrar en la casa, encontraron al niño con María, su madre, y postrándose, le rindieron homenaje. Luego, abriendo sus cofres, le ofrecieron dones: oro, incienso y mirra. Y como recibieron en sueños la advertencia de no regresar al palacio de Herodes, volvieron a su tierra por otro camino.

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